En este artículo quisiera dar la importancia que tiene a sanar la relación con la madre. Una relación amor-odio entre madres e hijas no es tan extraño, se puede ver a menudo. Inexorablemente, madres e hijas estamos unidas, y aunque no lo queramos, somos muy parecidas a ellas.

Y si no lo eres, quizá sea porque lo estás evitando, dado que no lo aceptas y por tanto vas “al otro extremo”. Este otro extremo al final resulta ser el mismo, porque como todos sabemos, los contrarios son caras de una misma moneda.

Ya en otras ocasiones hablé del arquetipo de la Madre, y sobre todo de la situación en la que  éste se desequilibra. Al convertirte en “madre” de tus amigos, y de la pareja (si la tienes), causa un desgaste fuerte que necesita tomar conciencia para equilibrarla con los demás arquetipos.

Hay muchos factores por los cuales puedes tener una relación no tan positiva en cuanto a tu madre. Sin embargo, aquí no te voy a dar la solución, puesto que habría que ver cada caso y el porqué.

Sólo quiero recomendarte que por una vez mires a tu madre de otra forma.

Piensa cómo fue su educación, qué tipo de vida tuvo, cuál fue su entorno y qué tipo de padres tuvo ella. Quizá la veas débil porque no dice lo que piensa, pero nunca te has parado a pensar que así es como se le inculcó en su educación. Quizá pienses que no ha llegado a sus objetivos en la vida, pero no pensaste que puede que en su época se consideraba que las mujeres ni siquiera debían tener objetivos. Quizá creas que no es creativa, sólo que nunca supo que lo era, porque no aprendió a desarrollarlo, quizá porque estaba ocupada cuidando de su familia.

Para sanar la relación con la madre, hay que aprender a perdonar  ver desde otro punto de vista. No trates esta relación desde la culpa. Tu madre lo hizo lo mejor que supo. Los hijos no vienen con libro de instrucciones, con lo cual es complicado hacerlo bien. Además, todos llevamos nuestro bagaje, nuestras heridas y nuestra mochila a la espalda.

Y lo que es más importante: cuando veas así la relación con tu madre, te será mucho más fácil perdonarte a ti misma. En ocasiones, somos muy duras con nosotras mismas, nos exigimos y exigimos. Crees que esto viene del exterior. Pero no es así. En ocasiones eres tu peor enemiga.

Evita convertirte en una madre exigente para ti.

Además, al sanar tu relación con tu madre, quizá cambie la relación con tu hija. Piensa que inconscientemente le estás dando enseñanzas, con cada pensamiento, con cada forma de actuar, con cada decisión que tomas para tu crecimiento personal.  Y  ser lo suficientemente  flexible, consciente y valiente como para sanar una relación con alguien es un buen ejemplo para tomar.

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